Página/12 - Buenos Aires 27 maggio 1997
di Horacio Bernades

Luego de más de una década de silenzio (de silenzio literal: una trombosis cerebral lo dejó sin habla en 1984), la reparición pública de Michelangelo Antonioni es relativamente reciente. En agosto de 1994, con 82 años y una viasible rigidez muscular, visitó el Festival de Gramado, en Brasil. A comienzos del '95 llegó hasta Hollywood, para recibir, de manos de Jack Nicholson, un Oscar onorario. Entre una y otra aparición social, lo inesperado. Su regresso al cine El 3 de novembre de 1994 dio omienzo el rodaje de Al di là delle nuvole (Más allá de las nubes), su film número uinte, el primero desde Identificación de una mujer, que sería presentado en el Festival de Venecia en septiembre de 1995 y premiado allí por la crítica internacional.

A Antonioni no le fue sencillo concretar su regresso al cine. Dada su avanzada edad y precario estrado de salud, las compañías aseguradoras se mostraron renuentes a dar el visto bueno. Fue Wim Wenders, su fiel admirador, quien se presentó como aval del proywecto, compromitiéndose a acompañarlo durante el rodaje. Así lo hizo y, de paso, se reservó para sí una participación mayor, que vino a solucionar otro problemita. Al di là delle nuvole es un film en episodios, cuatro historias basadas en un libro de realtos del propio Antonioni, Aquel bowling junto al Tíber, publicado en 1983. A esas historias había que darle una ilación, y fue Wenders el encargado de encontrar una solución al intríngulis. En la ficción, un cineasta, a cargo de John Malkovich, las que sirven de introduccón a cada uno de los episodios.

Filmar de a dos no es sencillo, y Antonioni nunca fue un tipo fácil. Los reces hoy históricos entre Antonioni-Wenders comenzaron en el rodaje y se agudizaron durante la primera visión del film. Wenders lo cuenta con lujo de detalles en El tiempoi con Antonioni. Según consta allí, al ver la escena final, filmada por su colega, Antonioni se encolerizó y exclamó: "De nningun modo". Sin embargo esa escena, una típica reflexión Wendersiana sobre el hecho de contar historias permaneció en la copia definitiva. Wenders contraatacó, questionando algunas escenas de sexo filmada por Antonioni. Según Wim, una escaramuza erótica entre Peter Weller y la joven Chiara Caselli "se hacía insoportable porque no acababa nunca y al final rozaba la pornografía". Lo que sí se redujo al mínimo, ante la teminante oposición de Michelangelo, fue la intervención de Marcello Mastroianni y Jeanne Moreau, homenaje de Wenders a los protagonistas de La noche, clásico antoniano de 1962. Por esta controversia la participación de ambos, con el gran Marcello pintando paisajes mientras reflexiona - otra típica alusión wendersiana al acto de la creación - queda, en la versión final, algo desgajada del resto del film.